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Vivimos corriendo detrás de cosas que pueden desaparecer en un instante.

19 de octubre de 2026

Vivimos corriendo detrás de cosas que pueden desaparecer en un instante.
Trabajamos por dinero, cuidamos lo que tenemos, perseguimos sueños y hacemos planes para el futuro… pero podemos estar construyendo una vida llena de cosas y, al mismo tiempo, vacía de lo más importante.

Porque cuando Dios ocupa el último lugar, todo lo demás termina ocupando un lugar que no puede sostener.

El dinero puede faltar.
El trabajo puede terminar.
La salud puede cambiar.
Los sueños pueden retrasarse.
Incluso las personas que amamos pueden irse.

Pero cuando Dios es el primero, no significa que nunca tendrás problemas. Significa que, aun cuando todo tiemble, sabes dónde estás parado.

Por eso el mensaje del 100000 no es simplemente una frase bonita. Es una decisión:

Primero Dios. Después, todo lo demás.

Hoy pregúntate con sinceridad:
¿Qué estoy poniendo por encima de Dios?
¿Mi trabajo? ¿El dinero? ¿Una relación? ¿Mis preocupaciones? ¿Mis propios planes?

Porque quizá no necesitas tener más.
Quizá necesitas volver a poner en orden lo que ya tienes.

Y cuando Dios vuelve al primer lugar, empiezas a mirar tu salud, tu trabajo, tu familia, tu dinero y tus sueños desde otra perspectiva: ya no son tu fundamento; son parte de lo que Dios te permite administrar.

> “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.”
— Mateo 6:33

Antes de comenzar a perseguir cualquier cosa, detente unos minutos y entrégale a Dios tu día. Dile qué te preocupa, qué estás buscando y qué estás intentando controlar. Después, toma tus decisiones recordando una sola cosa:

Si Dios es el 1, todo lo demás encuentra su lugar.

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