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VALORANDO NUESTRAS BENDICIONES

19 de octubre de 2026

VALORANDO NUESTRAS BENDICIONES

«Bendice, alma mía, a Jehová, y no olvides ninguno de sus beneficios.»
Salmos 103:2


Tenemos una facilidad extraordinaria para recordar todo lo negativo, lo que nos duele, contar lo que nos falta y enumerar todo aquello que todavía no hemos conseguido.

Sin embargo, muchas veces olvidamos detenernos a reconocer todo lo bueno que Dios ya nos ha permitido recibir.

Podemos pasar tanto tiempo mirando las puertas que todavía no se abrieron que dejamos de agradecer por aquellas que Dios ya nos abrió.

Nos concentramos en las oraciones que aún no tienen respuesta y olvidamos las veces que el  Señor ya nos sostuvo, nos proveyó y nos dio fuerzas para seguir adelante.

Por eso, David se habla a sí mismo y le recuerda a su propia alma: «Bendice, alma mía, a Jehová, y no olvides ninguno de sus beneficios».

David comprendía que la gratitud también requiere una decisión. Hay momentos en los que nuestras emociones se encuentran abatidas, las circunstancias nos preocupan y las necesidades parecen ocuparlo todo.

En esos momentos, necesitamos recordarle a nuestra alma quién es Dios y cuántas razones tenemos para alabarlo.

¡La gratitud comienza cuando dejamos de dar por sentado aquello que Dios nos ha permitido tener!

Muchas de las bendiciones más valiosas de nuestra vida se vuelven invisibles por la costumbre de siempre tenererlas.

Nos acostumbramos a despertar cada mañana, a tener un lugar donde descansar, a disfrutar de un alimento, a recibir el abrazo de alguien que nos ama o a contar con fuerzas para realizar nuestras actividades.

Y, precisamente porque forman parte de nuestra rutina, dejamos de reconocer su valor.

A veces, necesitamos atravesar una enfermedad para comprender cuánto vale la salud.

Experimentar la soledad para apreciar una compañía sincera.

Enfrentar una necesidad para reconocer el valor de la provisión.

Atravesar una temporada de angustia para agradecer por aquellos momentos en los que disfrutamos de paz.

Sin embargo, no necesitamos esperar a perder algo para aprender a valorarlo.

Podemos desarrollar un corazón agradecido mientras todavía lo tenemos.

La Biblia nos enseña que debemos dar gracias a Dios en toda situación.

«Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús.»
1 Tesalonicenses 5:18

Esto no significa negar el dolor, fingir que los problemas no existen ni dejar de luchar por aquello que necesitamos. Significa que, aun en medio de las dificultades, podemos reconocer que Dios sigue siendo bueno y que nuestra vida todavía contiene motivos para agradecer.

Es importante recordar que las bendiciones de Dios son mucho más que solo tener posesiones materiales.

Tener una familia, contar con un amigo, disponer de oportunidades para aprender, recibir una palabra de aliento, experimentar el perdón de Dios o tener fuerzas para comenzar nuevamente son regalos del Cielo cuyo valor no siempre sabemos reconocer.

Y hay una bendición que supera todas las demás: conocer a Jesucristo, haber recibido Su gracia y tener la esperanza de la vida eterna.

Podemos atravesar temporadas de escasez, perder oportunidades y enfrentar circunstancias que no comprendemos, pero nada de eso puede borrar el valor de nuestra salvación ni el privilegio de pertenecer al Señor y a su Familia.

El apóstol Pablo escribió que había aprendido a vivir tanto en la abundancia como en la escasez, porque su fortaleza provenía de Cristo .

«No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.»
Filipenses 4:11-13

Su contentamiento no dependía de tener siempre todo lo que deseaba, sino de haber aprendido a confiar en Dios en cualquier circunstancia.

Esto nos enseña que ser agradecidos no significa tener todo lo que queremos, sino aprender a reconocer el valor de lo que tenemos sin perder la confianza en Dios por aquello que todavía esperamos.

Quizás hoy estés atravesando un proceso difícil.

Tal vez hay necesidades en tu hogar, una respuesta que no llega, una puerta que permanece cerrada o una situación que te roba la tranquilidad.

No tienes que negar lo que estás viviendo. Puedes presentar tus peticiones delante de Dios y, al mismo tiempo, recordar cómo te ha sostenido hasta aquí.

Mira hacia atrás por un momento. Recuerda aquellas situaciones en las que pensaste que no podrías continuar y, sin embargo, encontraste fuerzas para seguir.

Piensa en las veces que recibiste ayuda inesperada, en las oraciones respondidas y en las oportunidades que llegaron cuando menos lo esperabas.

Quizás no todo salió como imaginabas, pero todavía estás aquí.

Y si hoy puedes acercarte a Dios, hablar con Él y depositar tu confianza en sus promesas, tienes una razón poderosa para mantener viva tu esperanza.

El Salmo 103 no termina en el reconocimiento de los beneficios recibidos.

David continúa recordando que Dios perdona, sana, rescata, tiene misericordia y renueva las fuerzas. (Salmos 103:3-6)

La gratitud bíblica no consiste solamente en contar regalos, sino en recordar el carácter de Aquel que nos los concede.

«Bueno es Jehová; para siempre es su misericordia, y su verdad por todas las generaciones.»
Salmos 100:5

Por eso, no permitas que aquello que todavía te falta te impida disfrutar de lo que hoy ya tienes.

No midas la fidelidad de Dios únicamente por las cosas que esperas recibir.

Aprende a reconocer su presencia también en los días sencillos, en las pequeñas provisiones y en las fuerzas que te concede para atravesar las temporadas difíciles.

Hoy puedes comenzar de nuevo: agradece por tu vida, por la oportunidad de acercarte a Dios, por las personas que te acompañan y por cada muestra de su gracia.

Si tienes una necesidad, ora. Si estás atravesando una prueba, busca su fortaleza.

Si tienes un sueño pendiente, continúa confiando y no permitas que la espera te robe el gozo de la gratitud.

«Bendecid a Jehová, vosotros todos sus ejércitos, Ministros suyos, que hacéis su voluntad. Bendecid a Jehová, vosotras todas sus obras, en todos los lugares de su señorío. Bendice, alma mía, a Jehová.»
Salmos 103:21-22

REFLEXIÓN

• ¿Estoy prestando más atención a lo que me falta que a las bendiciones que Dios ya me ha dado?

* ¿Qué cosas de mi vida he comenzado a considerar normales y necesito volver a valorar?

•¿Puedo agradecer a Dios aun por aquello que todavía no ha cambiado?

•¿Qué bendición puedo reconocer hoy y compartir con alguien más?

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