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¿QUÉ VOZ ESTÁS ESCUCHANDO?

19 de octubre de 2026

¿QUÉ VOZ ESTÁS ESCUCHANDO?

 «Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen.»
Juan 10:27


A lo largo de nuestra vida escuchamos muchas voces.

Algunas nos animan a seguir creyendo. Otras alimentan el temor, la duda y la incredulidad.

Y aunque no siempre podemos decidir qué voces llegan a nuestros oídos, sí podemos decidir a cuál de ellas vamos a creer.

Jesús regresó a su propia tierra. Allí estaban personas que lo conocían desde hacía años. Habían visto su crecimiento, conocían a su familia, su oficio y su historia cotidiana.

Pero aquello que conocían de Jesús se convirtió en una barrera para reconocer lo que Dios estaba haciendo por medio de Él.

La Escritura dice:

«Y no pudo hacer allí ningún milagro, salvo que sanó a unos pocos enfermos, poniendo sobre ellos las manos. Y estaba asombrado de la incredulidad de ellos.»
Marcos 6:5-6


Aquellas personas habían visto a Jesús desde una perspectiva natural, pero no lograban reconocer su autoridad ni esperar de Él aquello que estaba más allá de lo conocido.

La incredulidad había comenzado a determinar lo que consideraban posible.

Y eso también puede sucedernos.

Podemos acostumbrarnos tanto a las cosas de Dios que dejamos de esperar que Él haga algo nuevo.

Podemos congregarnos, escuchar la Palabra, orar, cantar y servir, pero permitir que la rutina apague nuestra expectativa.

La incredulidad no siempre se presenta diciendo:

“Dios no puede”.

A veces simplemente susurra:

“No esperes demasiado.”

“Ya lo intentaste antes.”

“Esto no va a cambiar.”.

“Es imposible.”

Pero la fe escucha otra voz.

JAIRO ESCUCHÓ DOS VOCES

Jairo llegó hasta Jesús desesperado porque su hija estaba agonizando.

Jesús comenzó a caminar con él.

Pero mientras avanzaban, llegó una noticia que parecía poner punto final a aquella historia:

 «Tu hija ha muerto; ¿para qué molestas más al Maestro?»
Marcos 5:35


Aquella voz hablaba desde la evidencia.

La niña había muerto.

La situación parecía definitiva.

Pero inmediatamente Jesús le dijo a Jairo:

«No temas, cree solamente.»
Marcos 5:36


Jairo recibió dos mensajes frente a una misma circunstancia.

Una voz decía:

“Ya terminó.”

Jesús decía:

“No temas, cree solamente.”

Jairo tuvo que decidir cuál de esas voces tendría autoridad sobre su corazón.

Y continuó caminando con Jesús.

Cuando llegaron a la casa, encontraron personas llorando y haciendo gran alboroto. Cuando Jesús afirmó que la niña no estaba muerta, sino que dormía, comenzaron a burlarse de Él.

Entonces Jesús echó fuera a todos, entró donde estaba la niña acompañado por sus padres y algunos de sus discípulos, la tomó de la mano y dijo:

«Talita cumi», que significa: «Niña, a ti te digo, levántate.»

Y la niña se levantó.

La voz que había declarado el final no tuvo la última palabra.

La tuvo Jesús.

¿QUÉ VOZ ESTÁS DEJANDO GOBERNAR TU CORAZÓN?

Jairo nos enseña que la fe no consiste en no escuchar otras voces.

Consiste en decidir cuál vamos a creer.

También nosotros enfrentamos situaciones en las que aparecen diferentes voces.

Una enfermedad puede decirte: “No hay esperanza”.

Una crisis familiar puede decirte: “Esto nunca va a cambiar”.

Una puerta cerrada puede decirte: “Nunca tendrás otra oportunidad”.

Una demora puede decirte: “Dios se olvidó de ti”.

Pero en medio de esas voces necesitamos volver nuestros oídos hacia Dios.

Porque una circunstancia puede describir lo que está sucediendo, pero no tiene autoridad para determinar lo que Dios todavía puede hacer.

La fe no niega la realidad.

Jairo no negó que su hija había muerto.

 La fe simplemente reconoce que lo visible no es más grande que el Dios invisible.

Por eso Hebreos 11:1 declara:

 «Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.»

La pregunta no es solamente qué estás viendo.

La pregunta es:

 ¿Qué estás creyendo?

Y detrás de lo que creemos muchas veces existe una voz que hemos decidido escuchar.

 CUIDA LAS VOCES QUE ALIMENTAN TU CORAZÓN

Hay voces que fortalecen nuestra fe y voces que alimentan nuestra incredulidad.

Por eso debemos prestar atención a aquello que escuchamos constantemente, a las palabras que repetimos y a las conversaciones que dejamos entrar en nuestro corazón.

No se trata de aislarnos de las personas ni de ignorar los problemas.

Se trata de no permitir que una voz contraria a la fe se convierta en la autoridad de nuestra vida.

Porque si escuchamos continuamente:

“Es imposible”,

“Ya terminó”,

“No va a cambiar”,

“Dios no lo hará”.

Podemos comenzar a mirar nuestra situación solamente desde la perspectiva humana.

Pero cuando volvemos nuestro corazón a la Palabra de Dios, nuestra perspectiva cambia.

No porque el problema desaparezca inmediatamente, sino porque recordamos quién está con nosotros en medio del problema.

La fe puede llorar y seguir creyendo.

Puede sentir temor y continuar caminando.

Puede no entender y seguir confiando.

Puede no ver la respuesta y permanecer firme.

Porque la fe no depende de tener todo explicado.

Depende de saber en quién hemos puesto nuestra confianza.

Quizás hoy hay una situación en tu vida que parece definitiva.

Tal vez estás escuchando voces que te dicen que ya no hay esperanza.

Pero recuerda a Jairo.

Él también recibió una noticia que parecía poner punto final.

Sin embargo, Jesús le dijo:

“No temas, cree solamente.”

Y Jairo decidió seguir caminando con Jesús.

Tal vez hoy necesitas hacer lo mismo.

No sabes cómo terminará tu historia.

No sabes cuándo llegará la respuesta.

No puedes ver todavía lo que Dios está haciendo.

Pero sí puedes decidir qué voz vas a creer mientras esperas.

No permitas que la incredulidad tenga la última palabra.

Escucha la voz de Dios.

Aférrate a su Palabra.

Continúa orando.

Continúa buscando.

Continúa esperando.


La última palabra no la tiene el temor.

No la tiene el diagnóstico.

No la tiene la crisis.

No la tiene una puerta cerrada.

La última palabra la tiene Dios.

« Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida.»
Proverbios 4:23


REFLEXIÓN

¿Qué voz está teniendo mayor influencia sobre mi corazón en este momento: la voz de la fe o la voz de la incredulidad?

¿Qué palabras he estado escuchando o repitiendo que están debilitando mi confianza en Dios?

¿Hay alguna situación que estoy considerando definitiva y que necesito volver a poner en las manos del Señor?

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