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DE HIJO DEL TRUENO A APÓSTOL DEL AMOR

19 de octubre de 2026

DE HIJO DEL TRUENO A APÓSTOL DEL AMOR

 «De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.»
2 Corintios 5:17

Hay transformaciones en nuestra vida que suceden rápidamente, pero hay otras que Dios realiza a través de muchos procesos.

Cuando llegamos a Cristo, muchas veces lo hacemos con el alma herida, cansados de luchar, atravesando una crisis, una pérdida, una enfermedad, dificultades familiares, económicas o las consecuencias de nuestras propias decisiones.

Llegamos necesitados de ayuda, de perdón, de restauración y de una nueva oportunidad.

Y cuando comenzamos a conocer a Jesús, algo maravilloso sucede: no solamente comienza a cambiar nuestra vida; Él comienza a cambiarnos a nosotros.

Hay áreas que cambian rápidamente, pero otras necesitan tiempo, obediencia, corrección y rendición.

Nuestro carácter, nuestras palabras, nuestras reacciones y nuestra manera de relacionarnos con los demás también necesitan pasar por las manos de Dios.


 UN CARÁCTER QUE NECESITABA SER TRANSFORMADO

Uno de los discípulos más cercanos a Jesús fue Juan.

Junto con su hermano Jacobo, recibió de Jesús un sobrenombre muy particular:

 «A Jacobo hijo de Zebedeo, y a Juan hermano de Jacobo, a quienes apellidó Boanerges, esto es, Hijos del trueno.»
Marcos 3:17

Los Evangelios muestran que ambos tenían un temperamento intenso e impulsivo.

En una ocasión, Jesús y sus discípulos entraron en una aldea samaritana, pero sus habitantes no quisieron recibirlos.

La reacción de Juan y Jacobo fue inmediata:

 «Señor, ¿quieres que mandemos que descienda fuego del cielo, como hizo Elías, y los consuma?»
Lucas 9:54

¡Qué contraste!

 Habían estado caminando con Jesús, pero todavía necesitaban aprender a tener el corazón de Jesús.

El Señor tuvo que corregirlos:

 «Vosotros no sabéis de qué espíritu sois; porque el Hijo del Hombre no ha venido para perder las almas de los hombres, sino para salvarlas.»
Lucas 9:55-56

Juan necesitaba aprender que seguir a Cristo no consiste solamente en caminar detrás de Él, sino en permitir que Él transforme aquello que todavía no refleja su carácter.


 CUANDO EL CARÁCTER COMIENZA A REFLEJAR A CRISTO

Años después encontramos a un Juan diferente.

El hombre que alguna vez quiso hacer descender fuego sobre quienes rechazaron a Jesús ahora escribe:

 «Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios.»
1 Juan 4:7

 ¿Qué pasó con aquel “hijo del trueno”?

 ¡Jesús lo transformó!

El mismo hombre que alguna vez quiso destruir a quienes rechazaban a Jesús terminó siendo uno de los discípulos que con mayor profundidad escribió acerca del amor.

No fue simplemente un cambio de personalidad.

 Fue una transformación completa del corazón.

La cercanía con Jesús, los años de caminar con Él, las correcciones recibidas, las experiencias vividas y la obra del Espíritu Santo fueron formando en Juan algo que antes no estaba plenamente desarrollado: el carácter de Cristo.


 DIOS TAMBIÉN QUIERE TRANSFORMAR NUESTRO CARÁCTER

Quizás hay áreas de nuestra vida que todavía necesitan ser transformadas.

Tal vez reaccionamos incorrectamente con demasiada rapidez.

Nos cuesta perdonar.

Guardamos resentimiento.

Respondemos con dureza.

Nos dejamos dominar por el enojo.

O justificamos ciertas actitudes diciendo:

“Yo soy así.”

Pero cuando estamos en Cristo, nuestro pasado puede explicar algunas de nuestras reacciones, pero no tiene por qué determinar nuestro futuro.

El Espíritu Santo puede transformar nuestro carácter.

La impulsividad puede dar lugar al dominio propio.

La dureza puede convertirse en sensibilidad.

El orgullo puede convertirse en humildad.

La ira puede ser reemplazada por mansedumbre.

Y un corazón herido puede volver a aprender a amar.

«Y sobre todas estas cosas vestíos de amor, que es el vínculo perfecto.»
Colosenses 3:14

El amor no es simplemente un sentimiento.

Es una decisión, una manera de vivir y una evidencia de que Cristo está impartiendo su esencia y formando su carácter en nosotros.

Juan no se convirtió en el hombre que vemos en sus cartas en un solo día.

Hubo un proceso.

Y también lo hay en nosotros.

No digas simplemente: “Así soy”.

Pregúntale a Dios:

“Señor, ¿qué parte de mí todavía necesitas transformar?”

Porque Dios no solamente quiere bendecir tus manos para que hagas cosas para Él.

También quiere transformar tu corazón para que puedas reflejarlo.

Juan comenzó siendo llamado “hijo del trueno”, pero terminó siendo uno de los grandes mensajeros del amor de Dios.

Quizás todavía no eres quien deseas llegar a ser, pero tampoco eres quien eras antes de conocer a Cristo. Dios sigue obrando en ti.

«Y estoy seguro de esto: que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo.»
Filipenses 1:6

REFLEXION

¿Hay alguna reacción de mi carácter que todavía necesito entregar a Dios?

¿Las personas que me rodean pueden reconocer el amor de Jesús en mi manera de tratarlas?

¿Qué área de mi carácter necesito rendir hoy al Espíritu Santo?

  «Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor.»
1 Corintios 13:13

Comparte este devocional con alguien que necesite recordar que Dios todavía está transformando vidas.

¡Bendecido día!

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